Los monumentos son una manera de homenajear y mantener en la memoria a personas o acontecimientos importantes de nuestra identidad. La Ciudad de México, hogar de un sinfín de historias, resguarda una serie de monumentos que, por su singularidad, sobresalen de los demás. Atrévete a conocer otros lugares: 


Monumento a Beethoven 

Así como la plaza Münsterplatz de Alemania tiene una escultura dedicada a Ludwig van Beethoven, la Ciudad de México tiene la suya ubicada entre la Alameda Central y el Palacio de Bellas Artes. El Monumento a Beethoven fue un obsequio de la comunidad alemana a nuestro país por el centenario de la Novena Sinfonía de Beethoven en 1921. 

Hecha con bronce negro por el escultor alemán Gladembech, en ella hay dos figuras humanas: un ángel que mira piadoso al hombre que lo sostiene por las rodillas. Más abajo de la escultura se puede ver la máscara mortuoria del compositor alemán.

Monumento a Beethoven. Angela Peralta (a la altura de Palacio de Bellas Artes), Centro Histórico. 


Fundación México-Tenochtitlán 

La leyenda de la fundación de nuestra ciudad es muy conocida: el dios Huitzilopochtli les dijo a nuestros antepasados que, donde encontraran a un águila devorando a una serpiente sobre un nopal, sería el lugar para establecer el gran imperio de Tenochtitlan. 

Siglos después, en 1970, el artista Carlos Marquina construyó, basándose en un pasaje del Códice Mendocino, este monumento que rememora semejante capítulo de nuestra historia; en él hay dos hombres, una mujer y su hijo, siendo testigos del acontecimiento prometido. 


Monumento a la Fundación México- Tenochtitlán. José María Pino Suárez s/n, frente a la Suprema Corte de Justicia, Centro Histórico.


Ex convento de Churubusco (Monumento al General Anaya) 

El ex convento fue declarado Monumento Histórico por el presidente Benito Juárez en 1869 debido a que fue el escenario de un cruento episodio: la Batalla de Churubusco. En ese mismo capítulo de la historia de México, el general Pedro María Anaya adquirió protagonismo al liderar a las tropas del país contra la invasión estadounidense en 1847. 

El monumento al General Anaya fue realizado por Juan F. Olaguíbel e inaugurado en la glorieta de Tlalpan en los años 40 en donde –se dice–, los tranvías le daban vuelta a manera de homenaje. Veinte años después, la estatua encontró su hogar definitivo frente al ex convento de Churubusco, hoy Museo de las Intervenciones. Como dos viejos amigos, ambos permanecen en este último sitio que una vez los vio luchar juntos. 

Monumento al General Anaya. Xicoténcatl s/n, San Diego Churubusco.


Monumento al Enmascarado de Plata 

Con este monumento y con la estación Guerrero, dedicada a las Leyendas de la Lucha Libre, la Ciudad de México le rinde homenaje a una de las figuras más importantes de la cultura popular: El Santo

A más de 10 años de su inauguración, recordamos esta obra hecha por el artista Edwin Jorge Barrera García para inmortalizar al rey de la lucha libre mexicana. Con seis metros de altura y ubicada en medio de un jardín conocido como Plaza del Santo, Rodolfo Guzmán Huerta (el verdadero nombre del Enmascarado de Plata), mira al horizonte con su mano extendida. ¿La conocías?

Monumento al Enmascarado de Plata. Jesús Carranza y Gorostiza, Peralvillo. 


Monumento al boxeador

Fue construido por el artista mexicano Mario Rendón Lozano e inaugurado en 1988. El monumento está ubicado en la Plaza del Boxeador, un lugar rodeado por un jardín y una pequeña fuente. Esta obra fue un encargo del Consejo Mundial del Boxeo y ahora es uno de los sitios más representativos del barrio de la Lagunilla. En la CDMX se rescata el orgullo por esta práctica, por lo que en marzo de 2017 se anunció una función de box profesional en la plancha del Zócalo capitalino, lo que la posiciona como la "Capital del Deporte".

Monumento al boxeador. Ignacio Allende 127, Lagunilla.