En la Ciudad de México se encuentran dos de los mercados más grandes del mundo. Te llevamos por un viaje hacia su historia, ¡pásele marchante!

En los mercados prehispánicos de Tlatelolco, Cholula o Texcoco era común encontrar a los "mecapaleros" o "tamemes", hombres que cargaban en sus espaldas los alimentos y productos que obtenían del comercio. En la actualidad, “el diablero” pasó a sustituir dicho trabajo al cambiar el propio cuerpo por las ruedas y se convirtió en emblema de plazas como Jamaica, la Nueva Viga y la Central de Abasto, al recorrer los pasillos junto a los capitalinos que heredaron la costumbre de comprar en los bazares nacionales.

La Central de Abasto, inaugurada el 22 de noviembre de 1982, se creó con la finalidad de reducir el número de personas que asistían al mercado de la Merced (que abrió sus puertas en 1880), pues en la década de los 70 padecía problemas de aforo y vialidad. Para poder dirigir a la creciente población urbana a un sitio donde se pudiera comprar fruta, carne, verduras y abarrotes por mayoreo, fue necesario construir pabellones sobre un área de 330 hectáreas en Avenida Río Churubusco.

Por su extensión, es el punto de distribución de víveres más grande del mundo y, a diario, recibe 350 mil visitantes. La CEDA abastece de alimentos agrícolas –de productores mexicanos– a mercados itinerantes de la ciudad y a la mayoría de los estados de la República Mexicana. 

Cerca de dicha titánica plaza se halla la Nueva Viga, lugar de vendimia de mariscos conocido como “el puerto más grande de México” al ser el principal proveedor de pescados y especies marinas que se comparan en frescura a los adquiridos en ciudades cercanas al océano. Gracias a su tamaño y producción, es el segundo mercado más grande en su tipo; el primer lugar lo ocupa el Tsukiji de Tokio, Japón. 

Antes se ubicaba en la actual Calzada de la Viga –que le debe su nombre a la garita construida en 1604 sobre el canal de Santa Anita (conocido popularmente como “Canal de la Viga”)–, conducto lacustre que proveía a las poblaciones cercanas de productos provenientes de los lagos de Xochimilco y Chalco, sobre el que tenderos y marchantes cruzaban a bordo de chinampas.

Cerca de esta zona se encuentra el “mercado de las flores”, el bazar de Jamaica, conocido por su venta (por mayoreo o menudeo) de distintas especies de plantas ornamentales, nacionales e internacionales, así como de diversos comestibles. Éste abrió sus puertas el 23 septiembre de 1957 para guarecer a comerciantes que se encontraban cerca de la garita de La Viga y dotar a la zona de la actual delegación Venustiano Carranza de un local prominente y basto en mercancía. 

Fue, junto al mercado de Sonora, el primero en poseer estacionamiento para los autos. Abierta las 24 horas, los 365 días del año, esta plaza florida nos recuerda que el comercio no duerme y que la tradición de consumir artículos en las “naves” nacionales es un legado cultural.