Creada por condes y arquitectos, la colonia Tabacalera es tan antigua como los monumentos que contiene. Su origen tiene título nobiliario y su pasado no se libra de leyendas del mundo prehispánico, como la sostenida por el historiador de la Nueva España, Fernando Alva Ixtlilxóchitl, que afirma que en el seno de dicho territorio corría un cauce por el que el conquistador Pedro de Alvarado, rodeado de enemigos indígenas, saltó para salvar su vida durante la huída de la Noche Triste. Dicho canal se encontraba en la calle que hoy conocemos como Puente de Alvarado.

El emblema de esta demarcación, el Palacio del Conde de Buenavista, fue mandado a construir en el siglo XVIII por la Marquesa de Selva Nevada, María Josefa de Pinillos. En 1898, dicho edificio se convirtió en la sede de la Tabacalera Mexicana Basagoiti Zaldo y Cía y, en 1968, se transformó en el Museo Nacional de San Carlos, recinto que expone  una amplia colección de arte europeo de los siglos XIV al XIX. 

Esta insignia arquitectónica de estilo neoclásico tuvo como autor al oriundo de Enguera, Valencia, Manuel Tolsá, escultor de monumentos como el Palacio de Minería, dicha efigie formó parte de las postales del Zócalo capitalino y de la glorieta de Reforma hasta que en 1979 fue trasladada a la Plaza Manuel Tolsá. En su lugar se colocó la pieza “Cabeza de Caballo” del escultor chihuahuense Enrique Carbajal, mejor conocido como Sebastián, que desde 1992 viste a la llamada “esquina de la información”. A un costado del gigante monumento de pigmento amarillo se eleva el que fuera uno de los primeros rascacielos de la ciudad, el edificio El Moro, que desde 1945 es la sede de la Lotería Nacional.

Si bien la colonia Tabacalera es famosa por sus esculturales equinas, también lo es por ser el lugar donde se expone la historia de caudillos y hombres a caballo. La Plaza de la República resguarda al Monumento a la Revolución Mexicana, visitado por los amantes de las vistas aéreas, el cual custodia los restos de personajes como Pancho Villa y Francisco I. Madero. Además, en el Museo de la Revolución Mexicana, que muestra la historia del movimiento político de 1910, se presenta temporalmente el Tabacalera Jazz Club, proyecto cultural para los gustosos de las agrupaciones y solistas con un repertorio de música sincopada, trompetas y percusiones. 

Como el deporte también forma parte de la cultura popular del barrio, el Frontón México, conocido como “la catedral del Jai-Alai”, se impone con sus paredes que frontonistas y deportistas de la Pelota vasca y del Trinquete hicieran famosas en la película La noche avanza de Roberto Gavaldón (1951). Este sitio fue realizado por el arquitecto Joaquín Capilla en 1921 y contribuyó a marcar una época de oro donde los campeones mexicanos se coronaban en el juego proveniente de España. Después de 20 años de permanecer cerrado, el Frontón México reabrió sus puertas el 10 de marzo de 2017 para revivir la formación de pelotaris y para ser un espacio multifuncional con capacidad para 4,200 personas.

El aspecto de la zona que se volvió popular gracias al tabaco tiene destellos de innovación y cimientos significativos de la época novohispana y revolucionaria de México. Fiel a sus orígenes, esta región de la ciudad sobrevive gracias al brillo de lo singular: bares, como Crisanta, forman parte de la vida diurna de sus habitantes, pero el restaurante La Antigua de Colón recuerda que las décadas de servicio no pasan en vano y que lo añejo siempre está de moda. El secreto de la colonia Tabacalera es saber que el pasado no es ajeno a la modernidad y que la historia puede estar acompañada de la novedad.